A nuestras alumnas y alumnos, desde el primer día, se les comienza a enseñar a relacionarse en grado de igualdad con el profesorado, como adultos responsables, siendo todos y todas parte imprescindible de un proyecto que evoluciona a la vez que los jóvenes maduran. Se les empuja hacia la adultez intentando despertar la responsabilidad, laboriosidad, respeto y aprecio hacia las tareas bien hechas.

  

   Respetamos el ritmo de aprendizaje de cada joven aunque ellos se sientan presionados para dar más de sí. Se les estimula y se potencia su autoestima, elemento fundamental para conseguir de ellos y ellas una evolución positiva.


   Al tratarse de grupos reducidos por norma el profesorado desarrolla su labor en base a la demanda personal de cada joven, no viéndose comprometido el aprendizaje de uno por la poca pericia de otro. Así todos y todas saldrán del centro con un aprendizaje básico pero los habrá que, en función de sus habilidades, puedan llegar a ampliaciones del currículo que les permitan realizar más competencias.